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Ceferino Namuncura.

¿Un santo católico posible...?

Un botín de guerra, o el intento del aplastamiento simbólico de la moral y la religión mapuche.

(Comentario a la crónica publicada en el apartado de Artes y Letras del diario El Mercurio (Chile), de fecha 26 de Agosto de 2001, escrita por Celia Langdeau Cussen. Este comentario es más bién una doble lectura de la crónica, efectuada con ojos mapuches).

Ceferino nació el 26 de agosto de 1886.

Nieto del legendario koná y ülmén Kallfukura.

Fue el tercer hijo de Manuel Namuncura, cacique mapuche radicado en el lado argentino de la Cordillera de los Andes, y de su tercera esposa, Rosario Burgos.

                  Aquí comienza la historia negra:

         En 1988, los misioneros salesianos convencen a Manuel Namuncura de que bautice a su hijo, colocándole el nombre del santo correspondiente al día de su nacimiento (San Ceferino).

         Manuel Namuncura, recordando los consejos de su padre (Kallfukura), previendo quizás la traición de los winkas (lo que ocurrió efectivamente cuando le quitaron las tierras) y buscando una solución para el desarrollo de su hijo, en el año 1897 lo matriculó en los Talleres Nacionales de la Marina. En este lugar, Ceferino sería objeto de inimaginables ofensas y burlas segregacionistas de parte de los hijos de la clase dominante de la época (hijos de oficiales y de la aristocracia winka), que estudiaban en dichos Talleres. (De entre otros detalles, el idioma castellano de Ceferino era malo).

 

         Es aquí en donde la mano “pia” de los sacerdotes salesianos coge a Ceferino y lo incorpora a un colegio de la orden en Buenos Aires, alejándolo de su tierra y de su gente, no permitiéndole tener relaciones con mujeres... El hijo del cacique no debía engendrar hijos... A los 17 años ya mostraba claros síntomas de tuberculosis, que en esos tiempos era incurable. Es llevado a Europa para ser mostrado (en Turín – a la reina y a la princesa de Saboya, y al Papa Pío X) como un trofeo, el último botín de guerra y del triunfo del “cristianismo” sobre el “paganismo” mapuche. Muere en Roma el 11 de mayo de 1905, a los 18 años.

         Comentarios de la cronista que merecen destacarse: Ceferino y su tierra.

“Las primeras hagiografías quieren demostrar que la “santidad” de Ceferino radica en el siguiente contraste:

Los antivalores de los mapuches

Los valores del cristianismo y lo occidental

Vida nómada, violenta y pagana

Sangre, violencia, saqueos, latrocinios, corrupción, ignorancia absoluta, paganismo.

El menor valor de la cultura indígena.

La humillación de una raza vencida, marginada, discriminada y el estigma de ser indígena.

Acogida a la nueva realidad política y religiosa de la Patagonia. (Sometimiento).

Iglesia de Cristo, la bondad del Santo Padre, la cultura latina y cristiana.

El poder redentor de la cultura occidental.

 

Siguió su camino de mapuche y cristiano sin resentimiento, sin rencores, sin victimismo, caminando con dignidad hacia el destino que el Señor le preparaba (la muerte por tuberculosis).

En este cuadro se observa el paradigma europeo cristiano-occidental en su más recóndita intención y manifestación: Todo lo europeo y cristiano es bueno... el resto es malo...

¡Cómo se nota la pluma cargada de segregación...!,  ¿a quienes quieren engañar?....

Aquí comienza la venta de pomada...

La cronista señala: “... su orígen étnico no es un factor decisivo para la mayoría de quienes escogen a Ceferino como su intercesor ante Dios”...

Los mapuches respondemos que no necesitamos intermediarios para hablar y pedir a Chaw Ngenechen, por nosotros sus hijos, por nuestras familias, por nuestras cosechas... Lo hacemos en Ngillatun, con dignidad, como de hijos a padre, como lo hacían nuestros antepasados. Nada tenemos que hacer con la religión católica, religión que trajeron los winkas, religión de sumisión y esclavitud, religión que inculca en sus seguidores la carga de un pecado que no cometieron, para justificar su sometimiento. Mientras la religión cristiana enseña sometimiento, la religión mapuche enseña libertad.

La última intervención de la cronista y broche de oro: “... No deja de extrañarnos que la figura de Ceferino – un hombre que juntó la espiritualidad mapuche con la católica, y que atrae tanto a sacerdotes progresistas como a cristianos de fe sencilla – no haya podido renovar la tradicional movilidad mapuche a través de la cordillera”...  “el llamado “pequeño gran cacique patagónico”, aún espera tener eco en la tierra de sus ancestros”.

         Los mapuches señalamos, ya no somos tan ignorantes en la cultura occidental, como lo fueron nuestros antepasados... Ya no nos pueden contar cuentos como éstos.

                

Conclusión final.

         La iglesia católica quiere contarnos el mismo cuento que ha hecho, en todas partes del mundo, con todos los pueblos. Ojo: Hay vírgenes blancas, negras, japonesas, chinas, mexicanas, peruanas, chilenas, etc., en fin, para qué seguir.

         La iglesia católica se olvida que estamos en el Siglo XXI de su propia era y que las comunicaciones han convertido al mundo en una aldea global.

         Los mapuches no nos tragamos un cuento tan facilmente. Nos han querido engañar desde hace más de 500 años y todavía no lo logran...

                                                         

                                                                                                                  

  

Algunos datos históricos.

  

Manuel Namuncura.

Seguidor de los pasos de su padre (Kallfukura), continuó por dos años después de la muerte de éste con el mando de la Confederación Indígena que acaudillaba, hasta su derrota, a manos del general Julio A. Roca.

Después de  la rendición de los mapuches del lado chileno de la cordillera, por el coronel Gregorio Urrutia (Villarrica – 1883), Manuel Namuncura se ve en la obligación de rendirse ante el ejército argentino y hacer un pacto de paz, en donde a Namuncura se le ofreció una pensión vitalicia, tierras en las riberas del rio Negro (Chimbay) y el rango de coronel de ejército. Obviamente, el rango de coronel de ejército es sólo simbólico (sólo charrateras). Queda claro que como era de esperarse, el gobierno argentino posteriormente le quitó sus tierras.

  

Kallfukura.

Nació aproximadamente en el año 1760, en los faldeos del Llayma.

Su nombre se inscribe en la historia winka, cuando Kallfukura, en el año 1834, decide “ayudar” al gobernante de Buenos Aires, Juan Manuel Rozas, para neutralizar los ataques de mapuches pampeanos; todo ello, a cambio de que el gobierno de Buenos Aires no penetre al sur ni instale en él fuertes o guarniciones. Kallfukura se encuentra al mando de 500 guerreros. (No hay mejor cuña que la del mismo palo, pensó Juan Manuel Rozas).

En 1835 Kallfukura establece sus dominios en Salinas Grandes.

Pronto se da cuenta que  el gobierno de Buenos Aires traiciona el pacto, y decide obrar tácticamente, unificando a los pueblos indígenas de la pampa (a los que en principio combatió), estableciendo una Confederación Indígena capáz de negociar de igual a igual con Buenos Aires.

El 8 de marzo de 1872 el ejército de Kallfukura es vencido en la batalla de San Carlos por el general Rivas y es obligado a replegarse al sur del río Negro.

El lema de Kallfukura:

Chillaley deuma ñi kawellu

ñi namun epe püralei

küwümew nien ñi “lanza”

ina kewayafin

kom tüfachi pu “cristianos”

dewma kanchalenew engün

fenchen ngünen meu.

Está ya ensillado mi caballo

mi pié está a punto de subir

en la mano tengo mi lanza

y voy a ir a hacerles la guerra

contra todos estos “cristianos”

ya cansado me tienen ellos

con tanta mentira.

(Traducción de Leonel Lienlaf L.)

  

Una última reflexión para los mapuches:

¡A sacar las cruces de los rewes!....  ¡Ellas representan el puñal jesuítico que pretende aniquilar lo más sagrado que nos dejaron nuestros antepasados, una Fé verdadera y recta, que no es acomodaticia ni se puede desvirtuar con palabras. Chaw Ngenechen existe, porque el mapuche lo siente.

                                         ¡Pelotuaimi peñi!            ¡Trepelaimiduam peñi!

MARICHIWEU...!

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